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Acto III

[En la aldea de Dos Hermanas]


Sale Batricio pensativo

Batricio
 
Celos, reloj de cuidados,
que a todas las horas dais
tormentos con que matáis,
aunque andéis desconcertados;
celos, del vivir desprecios
con que ignorancias hacéis,
pues todo lo que tenéis
de ricos, tenéis de necios.
Dejadme de atormentar,
pues es cosa tan sabida,
que cuando amor me da vida,
la muerte me queréis dar.
¿Qué me queréis, caballero,
que me atormentáis ansí?
Bien dije, cuando le vi
en mis bodas: «Mal agüero.»
¿No es bueno que se sentó
a cenar con mi mujer,
y a mí en el plato meter
la mano no me dejó?
Pues cada vez que quería
metella, la desviaba,
diciendo a cuanto tomaba:
«Grosería, grosería.»
No se apartó de su lado
hasta cenar, de manera
que todos pensaban que era
yo padrino, él desposado.
Y si decirle quería
algo a mi esposa, gruñendo
me la apartaba, diciendo:
«Grosería, grosería.»
Pues llegándome a quejar
a algunos me respondían,
y con risa me decían:
«No tenéis de qué os quejar.
Eso no es cosa que importe,
no tenéis de qué temer,
callad, que debe de ser
uso de allá en la corte.»
Buen uso, trato extremado,
más no se usara en Sodoma;
que otro con la novia coma,
y que ayune el desposado.
Pues el otro bellacón,
a cuanto comer quería,
«¿Esto no coméis?» decía.
«No tenéis, señor, razón.»
Y de delante, al momento
me lo quitaba. Corrido
estoy, pienso que esto ha sido
culebra, y no casamiento.
Ya no se puede sufrir
ni entre cristianos pasar;
y acabando de cenar
con los dos, ¿mas que a dormir
se ha de ir también, si porfía,
con nosotros, y ha de ser
el llegar yo a mi mujer
«Grosería, grosería?»
Ya viene, no me resisto,
aquí me quiero esconder,
pero ya no puede ser,
que imagino que me ha visto.
 

Alfred Dehodencq


Sale don Juan Tenorio

Juan
 
Batricio.
 
Batricio
 
Su señoría,
¿qué manda?
 
Juan
 
Haceros saber…
 
Batricio
 
Mas que ha de venir a ser
alguna desdicha mía.
 
Juan
 
Que ha muchos días, Batricio,
que a Aminta el alma le di,
y he gozado…
 
Batricio
 
¿Su honor?
 
Juan
 
Sí.
 
Batricio
 
Manifiesto y claro indicio
de lo que he llegado a ver;
que si bien no le quisiera,
nunca a su casa viniera;
al fin, al fin es mujer.
 

Alexander Ver Huell

Juan
 
Al fin, Aminta celosa,
o quizá desesperada
de verse de mí olvidada,
y de ajeno dueño esposa,
esta carta me escribió
enviándome a llamar,
y yo prometí gozar
lo que el alma prometió.
Esto pasa de esta suerte,
dad a vuestra vida un medio,
que le daré sin remedio,
a quien lo impida la muerte.
 
Batricio
 
Si tú en mi elección lo pones,
tu gusto pretendo hacer,
que el honor y la mujer
son males en opiniones.
La mujer en opinión,
siempre más pierde que gana,
que son como la campana
que se estima por el son,
Y ansí es cosa averiguada,
que opinión viene a perder,
cuando cualquiera mujer
suena a campana quebrada.
No quiero, pues me reduces
el bien que mi amor ordena,
mujer entre mala y buena,
que es moneda entre dos luces.
Gózala, señor, mil años,
que yo quiero resistir,
desengañar y morir,
y no vivir con engaños.
 

Vase Batricio

Juan
 
Con el honor le vencí,
porque siempre los villanos
tienen su honor en las manos,
y siempre miran por sí;
que por tantas variedades,
es bien que se entienda y crea,
que el honor se fue al aldea
huyendo de las ciudades.
Pero antes de hacer el daño
le pretendo reparar.
A su padre voy a hablar,
para autorizar mi engaño.
Bien lo supe negociar;
gozarla esta noche espero,
la noche camina, y quiero
su viejo padre llamar.
Estrellas que me alumbráis,
dadme en este engaño suerte,
si el galardón en la muerte,
tan largo me lo guardáis.
 

Vase don Juan.


Salen Aminta y Belisa

Belisa
 
Mira que vendrá tu esposo.
Entra a desnudarte, Aminta.
 
Aminta
 
De estas infelices bodas
no sé qué siento, Belisa.
Todo hoy mi Batricio ha estado
bañando en melancolía,
todo en confusión y celos.
¡Mira qué grande desdicha!
Di, ¿qué caballero es éste
que de mi esposo me priva?
La desvergüenza en España
se ha hecho caballería.
Déjame, que estoy sin seso,
déjame, que estoy perdida.
¡Mal hubiese el caballero
que mis contentos me quita!
 
Belisa
 
Calla, que pienso que viene
que nadie en la casa pisa
de un desposado, tan recio.
 
Aminta
 
Queda a Dios, Belisa mía.
 
Belisa
 
Desenójale en los brazos.
 
Aminta
 
Plega a los cielos que sirvan
mis suspiros de requiebros,
mis lágrimas de caricias.
 

Vanse Aminta y Belisa. Salen don Juan, Catalinon y Gaseno

Juan
 
Gaseno, quedad con Dios.
 
Gaseno
 
Acompañaros querría,
por dalle de esta ventura
el parabién a mi hija.
 
Juan
 
Tiempo mañana nos queda.
 
Gaseno
 
Bien decís, el alma mía
en la muchacha os ofrezco.
 
Juan
 
Mi esposa decid.
 

Vase Gaseno

 
Tú, ensilla,
Catalinón.
 
Catalinon
 
¿Para cuándo?
 
Juan
 
Para el alba que de risa
muerte ha de salir mañana
de este engaño.
 
Catalinon
 
Allá en Lebrija,
señor, nos está aguardando
otra boda. Por tu vida
que despaches presto en ésta.
 
Juan
 
La burla más escogida
de todas ha de ser ésta.
 
Catalinon
 
Que saliésemos querría
de todas bien.
 
Juan
 
Si es mi padre
el dueño de la justicia,
y es la privanza del rey,
¿qué temes?
 
Catalinon
 
De los que privan
suele Dios tomar venganza,
si delitos no castigan,
y se suelen en el juego
perder también los que miran.
Yo he sido mirón del tuyo
y por mirón no querría
que me cogiese algún rayo,
y me trocase en cecina.
 
Juan
 
Vete, ensilla, que mañana
he de dormir en Sevilla.
 
Catalinon
 
¿En Sevilla?
 
Juan
 
Sí.
 
Catalinon
 
¿Qué dices?
Mira lo que has hecho, y mira
que hasta la muerte, señor,
es corta la mayor vida;
y que hay tras la muerte imperio.
 
Juan
 
Si tan largo me lo fías,
vengan engaños.
 
Catalinon
 
¡Señor!
 
Juan
 
Vete, que ya me amohinas
con tus temores extraños.
 
Catalinon
 
Fuerza al turco, fuerza al scita,
al persa, y al caramanto,
al gallego, al troglodita,
al alemán y al Japón,
al sastre con la agujita
de oro en mano, imitando
continuo a la blanca niña.
 

Vase Catalinon

Juan
 
La noche en negro silencio
se extiende, y ya las cabrillas
entre racimos de estrellas
el polo más alto pisan.
Yo quiero poner mi engaño
por obra, el amor me guía
a mi inclinación, de quien
no hay hombre que se resista.
Quiero llegar a la cama.
Aminta.
 

Sale Aminta, como que está acostada

Aminta
 
¿Quién llama a Aminta?
¿Es mi Batricio?
 
Juan
 
No soy
tu Batricio.
 
Aminta
 
Pues, ¿quién?
 
Juan
 
Mira
de espacio, Aminta, quién soy.
 
Aminta
 
¡Ay de mí! Yo soy perdida.
¿En mi aposento a estas horas?
 
Juan
 
Éstas son las horas mías.
 
Aminta
 
Volvéos, que daré voces,
no excedáis la cortesía
que a mi Batricio se debe,
ved que hay romanas Emilias
en Dos Hermanas también,
y hay Lucrecias vengativas.
 
Juan
 
Escúchame dos palabras,
y esconde de las mejillas
en el corazón la grana,
por ti más preciosa y rica.
 

Jose Moreno Carbonero

Aminta
 
Vete, que vendrá mi esposo.
 
Juan
 
Yo lo soy. ¿De qué te admiras?
 
Aminta
 
¿Desde cuándo?
 
Juan
 
Desde agora.
 
Aminta
 
¿Quién lo ha tratado?
 
Juan
 
Mi dicha.
 
Aminta
 
¿Y quién nos casó?
 
Juan
 
Tus ojos.
 
Aminta
 
¿Con qué poder?
 
Juan
 
Con la vista.
 
Aminta
 
¿Sábelo Batricio?
 
Juan
 
Sí,
que te olvida.
 
Aminta
 
¿Que me olvida?
 
Juan
 
Sí, que yo te adoro.
 
Aminta
 
¿Cómo?
 
Juan
 
Con mis dos brazos.
 
Aminta
 
Desvía.
 
Juan
 
¿Cómo puedo, si es verdad
que muero?
 
Aminta
 
¡Qué gran mentira!
 
Juan
 
Aminta, escucha y sabrás,
si quieres que te la diga,
la verdad, si las mujeres
sois de verdades amigas.
Yo soy noble caballero,
cabeza de la familia
de los Tenorios antiguos,
ganadores de Sevilla.
Mi padre, después del rey,
se reverencia y se estima
en la corte, y de sus labios
penden las muertes y vidas.
Torciendo el camino acaso,
llegué a verte, que amor guía
tal vez las cosas, de suerte
que él mismo de ellas se admira.
Víte, adoréte, abraséme,
tanto que tu amor me obliga
a que contigo me case.
Mira qué acción tan precisa.
Y aunque lo murmure el reino,
y aunque el rey lo contradiga,
y aunque mi padre enojado
con amenazas lo impida,
tu esposo tengo de ser,
dando en tus ojos envidia
a los que viere en su sangre
la venganza que imagina.
Ya Batricio ha desistido
de su acción, y aquí me envía
tu padre a darte la mano.
¿Qué dices?
 
Aminta
 
No sé qué diga,
que se encubren tus verdades
con retóricas mentiras.
Porque si estoy desposada,
como es cosa conocida,
con Batricio, el matrimonio
no se absuelve, aunque él desista.
 
Juan
 
En no siendo consumado,
por engaño o por malicia,
puede anularse.
AmintaEs verdad;
mas ¡ay Dios! que no querría
que me dejases burlada,
cuando mi esposo me quitas.
 
Juan
 
Ahora bien, dame esa mano,
y esta voluntad confirma
con ella.
 
Aminta
 
¿Que no me engañas?
 
Juan
 
Mío el engaño sería.
 
Aminta
 
Pues jura que cumplirás
la palabra prometida.
 
Juan
 
Juro a esta mano, señora,
infierno de nieve fría,
de cumplirte la palabra.
 
Aminta
 
Jura a Dios, que te maldiga
si no la cumples.
 
Juan
 
Si acaso
la palabra y la fe mía
te faltare, ruego a Dios
que a traición y a alevosía,
me dé muerte un hombre muerto.
(Que vivo, Dios no permita).
 

Aparte

Aminta
 
Pues con ese juramento
soy tu esposa.
 
Juan
 
Al alma mía
entre los brazos te ofrezco.
 
Aminta
 
Tuya es el alma y la vida.
 
Juan
 
¡Ay, Aminta de mis ojos!
mañana sobre virillas
de tersa plata, estrelladas
con clavos de oro de Tíbar,
pondrás los hermosos pies,
y en prisión de gargantillas
la alabastrina garganta,
y los dedos en sortijas
en cuyo engaste parezcan
estrellas las amatistas;
y en tus orejas pondrás
transparentes perlas finas.
 
Aminta
 
A tu voluntad, esposo,
la mía desde hoy se inclina.
Tuya soy.
 
Juan
 
(¡Qué mal conoces
al burlador de Sevilla!)
 

Vanse don Juan y Aminta


[En Tarragona, camino a Sevilla]


Salen Isabela y Fabio, de camino

Isabela
 
Que me robase el sueño
la prenda que estimaba, y más quería…
¡Oh, riguroso empeño
de la verdad! ¡Oh, máscara del día!
¡Noche al fin tenebrosa,
antípoda del sol, del sueño esposa!
 
Fabio
 
¿De qué sirve, Isabela,
la tristeza en el alma y en los ojos,
si amor todo es cautela
y en campos de desdenes causa enojos,
y el que se ríe agora,
en breve espacio desventuras llora?
El mar está alterado,
y en grave temporal, tiempo se corre;
el abrigo han tomado
las galeras, duquesa, de la torre
que esta playa corona.
 
Isabela
 
¿Adónde estamos, Fabio?
 
Fabio
 
En Tarragona.
Y de aquí a poco espacio
daremos en Valencia, ciudad bella,
del mismo sol palacio,
divertiráse algunos días en ella;
y después a Sevilla
irás a ver la octava maravilla.
Que si a Octavio perdiste
más galán es don Juan, y de notorio
solar. ¿De qué estás triste?
Conde dicen que es ya don Juan Tenorio,
el rey con él te casa,
y el padre es la privanza de su casa.
 
Isabela
 
No nace mi tristeza
de ser esposa de don Juan, que el mundo
conoce su nobleza;
en la esparcida voz, mi agravio fundo,
que esta opinión perdida
he de llorar mientras tuviere vida.
 
Fabio
 
Allí una pescadora
tiernamente suspira, y se lamenta,
y dulcemente llora.
Acá viene sin duda, y verte intenta.
Mientras llamo a tu gente,
lamentaréis las dos más dulcemente.
 

Vase Fabio, y sale Tisbea

Tisbea
 
Robusto mar de España,
ondas de fuego, fugitivas ondas,
Troya de mi cabaña,
que ya el fuego por mares y por ondas
en sus abismos fragua
y en el mar forma por las llamas de agua,
¡maldito el leño sea
que a tu amargo cristal halló camino,
y, antojo de Medea,
tu cáñamo primero, o primer lino
aspado de los vientos,
para telas de engaños e instrumentos!
 
Isabela
 
¿Por qué del mar te quejas
tan tiernamente, hermosa pescadora?
 
Tisbea
 
Al mar formo mil quejas.
Dichosa vos, que en su tormento agora
de él os estás riendo.
 
Isabela
 
También quejas del mar estoy haciendo.
¿De dónde sois?
 
Tisbea
 
De aquellas
cabañas que miráis del viento heridas,
tan victorioso entre ellas,
cuyas pobres paredes, desparcidas,
van el pedazos graves,
dándole mil graznidos ya las aves.
En sus pajas me dieron
corazón de fortísimo diamante,
mas las obras me hicieron
de este monstruo que ves tan arrogante
ablandarme, de suerte
que al sol la cera es más robusta y fuerte.
¿Sois vos la Europa hermosa,
que esos toros os llevan?
 
Isabela
 
A Sevilla
llévanme a ser esposa
contra mi voluntad.
 
Tisbea
 
Si mi mancilla
a lástima os provoca,
y si injurias del mar os tienen loca,
en vuestra compañía
para serviros como humilde esclava
me llevad, que querría,
si el dolor o la afrenta no me acaba,
pedir al rey justicia
de un engaño cruel, de una malicia.
Del agua derrotado
a esta tierra llegó un don Juan Tenorio
difunto y anegado;
amparéle, hospedéle en tan notorio
peligro, y el vil huésped
víbora fue a mi planta en tierno césped.
Con palabra de esposo,
la que de nuestra costa burla hacía,
se rindió al engañoso.
¡Mal haya la mujer que en hombres fía!
Fuése al fin y dejóme,
mira si es justo que venganza tome.
 
Isabela
 
¡Calla, mujer maldita!
¡Vete de mi presencia, que me has muerto!
Mas, si el dolor te incita
no tienes culpa tú. Prosigue, ¿es cierto?
 
Tisbea
 
Tan claro es como el día.
 
Isabela
 
¡Mal haya la mujer que en hombres fía!
Pero sin duda el cielo
a ver estas cabañas me ha traído,
y de ti mi consuelo
en tan grave pasión ha renacido
para venganza mía.
¡Mal haya la mujer que en hombres fía!
 
Tisbea
 
¡Que me llevéis os ruego
con vos, señora, a mí y a un viejo padre,
porque de aqueste fuego
la venganza me dé que más me cuadre,
y al rey pida justicia
de este engaño y traición, de esta malicia!
Anfriso, en cuyos brazos
me pensé ver en tálamo dichoso,
dándole eternos lazos,
conmigo ha de ir, que quiere ser mi esposo.
 
Isabela
 
Ven en mi compañía.
 
Tisbea
 
¡Mal haya la mujer que en hombres fía!
 

William Morris Hunt


Vanse Isabela y Tisbea

[En la catedral de Sevilla]


Salen don Juan y Catalinon

Catalinon
 
Todo en mal estado está.
 
Juan
 
¿Cómo?
 
Catalinon
 
Que Octavio ha sabido
la traición de Italia ya,
y el de la Mota ofendido
de ti justas quejas da,
y dice que fue el recado
de su prima le diste
fingido y disimulado,
y con su capa emprendiste
la traición que la ha infamado.
Dicen que viene Isabela
a que seas su marido,
y dicen…
 
Juan
 
Calla.
 
Catalinon
 
Una muela
en la boca me has rompido.
 
Juan
 
Hablador, ¿quién te revela
tanto disparate junto?
 
Catalinon
 
¿Disparate?
 
Juan
 
Disparate.
 
Catalinon
 
Verdades son.
 
Juan
 
No pregunto
si lo son, cuando me mate
Octavio, ¿estoy yo difunto?
¿No tengo manos también?
¿Dónde me tienes posada?
 
Catalinon
 
En calle oculta.
 
Juan
 
Está bien.
 
Catalinon
 
La iglesia es tierra sagrada.
 
Juan
 
Di que de día me den
en ella la muerte. ¿Viste
al novio de Dos Hermanas?
 
Catalinon
 
Allí le vi, ansiado y triste.
 
Juan
 
Aminta estas dos semanas
no ha de caer en el chiste.
 
Catalinon
 
Tan bien engañada está
que se llama doña Aminta.
 
Juan
 
Graciosa burla será.
 
Catalinon
 
Graciosa burla, y sucinta,
mas ella la llorará.
Descúbrese un sepulcro de don Gonzalo de Ulloa.
 
Juan
 
¿Qué sepulcro es éste?
 
Catalinon
 
Aquí
don Gonzalo está enterrado.
 
Juan
 
Éste es a quien muerte di.
Gran sepulcro le han labrado.
 
Catalinon
 
Ordenólo el rey ansí.
¿Cómo dice este letrero?
 
Juan
 
«Aquí aguarda del Señor
el más leal caballero
la venganza de un traidor».
Del mote reírme quiero.
Y ¿habéisos vos de vengar,
buen viejo, barbas de piedra?
 
Catalinon
 
No se las podrá pelar
quien barbas tan fuertes medra.
 
Juan
 
Aquesta noche a cenar
os aguardo en mi posada;
allí el desafío haremos,
si la venganza os agrada,
aunque mal reñir podremos,
si es de piedra vuestra espada.
 
Catalinon
 
Ya, señor, ha anochecido,
vámonos a recoger.
 
Juan

Larga esta venganza ha sido;

 
si es que vos la habéis de hacer,
importa no estar dormido,
que si a la muerte aguardáis
la venganza, la esperanza
agora es bien que perdáis,
pues vuestro enojo, y venganza,
tan largo me lo fiáis.
 

Vanse don Juan y Catalinon


[En un mesón de Sevilla]


Ponen la mesa dos criados

Criado 1
 
Quiero apercibir la mesa
que vendrá a cenar don Juan.
 
Criado 2
 
Puestas las mesas están.
¡Qué flema tiene si empieza!
Ya tarda como solía
mi señor, no me contenta;
la bebida se calienta,
y la comida se enfría.
Mas quién a don Juan ordena
esta desorden?
 

Entran don Juan y Catalinon

Juan
 
¿Cerraste?
 
Catalinon
 
Ya cerré como mandaste.
 
Juan
 
¡Hola, tráiganme la cena!
 
Criado 2
 
Ya está aquí.
 
Juan
 
Catalinón,
siéntate.
 
Catalinon
 
Yo soy amigo
de cenar de espacio.
 
Juan
 
Digo
que te sientes.
 
Catalinon
 
La razón
haré.
 
Criado 1
 
También es camino
éste, si cena con él.
 
Juan
 
Siéntate.
 

Un golpe dentro

Catalinon
 
Golpe es aquél.
 
Juan
 
Que llamaron imagino.
Mira quién es.
 
Criado 1
 
Voy volando.
 
Catalinon
 
¿Si es la justicia, señor?
 
Juan
 
Sea, no tengas temor.
Vuelve el Criado huyendo
¿Quién es? De qué estás temblando?
 
Catalinon
 
De algún mal da testimonio.
 
Juan
 
Mal mi cólera resisto.
Habla, responde,)qué has visto?
¿Asombróte algún demonio?
Ve tú, y mira aquella puerta,
presto, acaba.
 
Catalinon
 
¿Yo?
 
Juan
 
Tú, pues,
acaba, menea los pies.
 
Catalinon
 
A mi abuela hallaron muerta,
como racimo colgada,
y desde entonces se suena
que anda siempre su alma en pena,
tanto golpe no me agrada.
 
Juan
 
Acaba.
 
Catalinon
 
¡Señor, si sabes
que soy un Catalinón!
 
Juan
 
Acaba.
 
Catalinon
 
Fuerte ocasión.
 
Juan
 
¿No vas?
 
Catalinon
 
¿Quién tiene las llaves
de la puerta?
 
Criado 2
 
Con la aldaba
está cerrada no más.
 
Juan
 
¿Qué tienes? ¿Por qué no vas?
 
Catalinon
 
Hoy Catalinón acaba.
Mas, ¿si las forzadas vienen
a vengarse de los dos?
 

Llega Catalinon a la puerta, y viene corriendo, cae y levántase

Juan
 
¿Qué es eso?
 
Catalinon
 
¡Válgame Dios,
que me matan, que me tienen!
 
Juan
 
¿Quién te tiene? ¿Quién te mata?
¿Qué has visto?
 
Catalinon
 
Señor, yo allí
vide, cuando luego fui,
quién me ase, quién me arrebata.
Llegué, cuando después ciego,
cuando vile, juro a Dios,
habló, y dijo, ¿quién sois vos?
Respondió, respondí. Luego,
Topé y vide…
 
Juan
 
¿A quién?
 
Catalinon
 
No sé.
 
Juan
 
¡Como el vino desatina!
Dame la vela, gallina,
y yo a quien llama veré.
 

Toma don Juan la vela, y llega a la puerta, sale al encuentro don Gonzalo, en la forma que estaba en el sepulcro, y don Juan se retira atrás turbado, empuñando la espada, y en la otra la vela, y don Gonzalo hacia él con pasos menudos, y al compás don Juan, retirándose, hasta estar en medios del teatro.

Juan
 
¿Quién va?
 
Gonzalo
 
Yo soy.
 
Juan
 
¿Quién sois vos?
 
Gonzalo
 
Soy el caballero honrado
que a cenar has convidado.
 
Juan
 
Cena habrá para los dos,
y si vienen más contigo,
para todos cena habrá,
ya puesta la mesa está.
Siéntate.
 
Catalinon
 
¡Dios sea conmigo,
San Panuncio, San Antón!
Pues ¿los muertos comen? Di.
Por señas dice que sí.
 
Juan
 
Siéntate, Catalinón.
 
Catalinon
 
No señor, yo lo recibo
por cenado.
 
Juan
 
Es desconcierto.
¿Qué temor tienes a un muerto?
¿Qué hicieras estando vivo?
Necio y villano temor.
 
Catalinon
 
Cena con tu convidado,
que yo, señor, ya he cenado.
 
Juan
 
¿He de enojarme?
 
Catalinon
 
Señor,
¡vive Dios que huelo mal!
 
Juan
 
Llega, que aguardando estoy.
 
Catalinon
 
Yo pienso que muerto soy
y está muerto mi arrabal.
 
 
Tiemblan los Criados
 
Juan
 
Y vosotros, ¿qué decís
y qué hacéis? Necio temblar.
 
Catalinon
 
Nunca quisiera cenar
con gente de otro país.
¿Yo, señor, con convidado
de piedra?
 
Juan
 
Necio temor.
Si es piedra, ¿qué te ha de hacer?
 
Catalinon
 
Dejarme descalabrado.
 
Juan
 
Háblale con cortesía.
 
Catalinon
 
¿Está bueno? ¿Es buena tierra
la otra vida? ¿Es llano os sierra?
¿Préciase allá la poesía?
 
Criado 1
 
A todo dice que sí
con la cabeza.
 
Catalinon
 
¿Hay allá
muchas tabernas? Sí habrá,
si Noé reside allá.
 
Juan
 
¡Hola, dadnos de cenar!
 
Catalinon
 
Señor muerto, ¿allá se bebe
con nieva?
 

Baja la cabeza don Gonzalo

 
Así que allá hay nieve;
buen país.
 

Alexander Ver Huell

Juan
 
Si oír cantar
queréis, cantarán.
 

Baja la cabeza don Gonzalo

Criado 1
 
Sí, dijo.
 
Juan
 
Cantad.
 
Catalinon
 
Tiene el señor muerto
buen gusto.
 
Criado 1
 
Es noble por cierto,
y amigo de regocijo.
Cantan dentro
 
Musicos
 
«Si de mi amar aguardáis,
señora, de aquesta suerte,
el galardón a la muerte,
¡qué largo me lo fiáis!»
 
Catalinon
 
O es sin duda veraniego
el seor muerto, o debe ser
hombre de poco comer.
Temblando al plato me llego.
Bebe
Poco beben por allá,
yo beberé por los dos.
Brindis de piedra, por Dios,
menos temor tengo ya.
 
Musicos
 
«Si este plazo me convida
para que serviros pueda,
pues larga vida me queda,
dejad que pase la vida.
Si de mi amor aguardáis,
señora, de aquesta suerte,
el galardón a la muerte,
¡qué largo me lo fiáis!»
 
Catalinon
 
¿Con cuál de tantas mujeres
como has burlado, señor,
hablan?
 
Juan
 
De todas me río,
amigo, en esta ocasión.
En Nápoles a Isabela
burlé.
 
Catalinon
 
Ésa ya no es hoy
burlada, porque se casa
contigo, como es razón.
Burlaste a la pescadora
que del mar te redimió,
pagándole el hospedaje
en moneda de rigor.
Burlaste a doña Ana…
 
Juan
 
Calla,
que hay parte aquí que lastó
por ella, y vengarse aguarda.
 
Catalinon
 
Hombre es de mucho valor,
que él es piedra, tú eres carne,
no es buena resolución.
 

Gonzalo hace señas, que se quite la mesa, y queden solos

Juan
 
Hola, quitad esa mesa,
que hace señas que los dos
nos quedemos, y se vayan
los demás.
 
Catalinon
 
Malo, por Dios,
no te quedes, porque hay muerto
que mata de un mojicón
a un gigante.
 
Juan
 
Salíos todos,
a ser yo Catalinón.
Vete.
 

Vanse, y quedan los dos solos, y hace señas que cierre la puerta

 
¿Qué cierre la puerta?
Ya está cerrada, y ya estoy
aguardando lo que quieres,
sombra, fantasma o visión.
Si andas en pena, o si buscas
alguna satisfacción,
aquí estoy, dímelo a mí,
que mi palabra te doy
de hacer todo lo que ordenes.
¿Estás gozando de Dios?
¿Eres alma condenada
o de la eterna región?
¿Díte la muerte en pecado?
Habla, que aguardando estoy.
Paso, como cosa del otro mundo
 
Gonzalo
 
¿Cumplirásme una palabra
como caballero?
 
Juan
 
Honor
tengo, y las palabras cumplo,
porque caballero soy.
 
Gonzalo
 
Dame esa mano, no temas.
 
Juan
 
¿Eso dices? ¿Yo temor?
Si fueras el mismo infierno
la mano te diera yo.
 

Dale la mano

Gonzalo
 
Bajo esa palabra y mano
mañana a las diez, te estoy
para cenar aguardando.
¿Irás?
 
Juan
 
Empresa mayor
entendí que me pedías.
Mañana tu huésped soy.
¿Dónde he de ir?
 
Gonzalo
 
A la capilla.
 
Juan
 
¿Iré solo?
 
Gonzalo
 
No, id los dos,
y cúmpleme la palabra
como la he cumplido yo.
 
Juan
 
Digo que la cumpliré,
que soy Tenorio.
 
Gonzalo
 
Y yo soy
Ulloa.
 
Juan
 
Yo iré sin falta.
 
Gonzalo
 
Yo lo creo. Adiós.
 
Juan
 
Adiós.
Va a la puerta
Aguarda, te alumbraré.
 
Gonzalo
 
No alumbres, que en gracia estoy.
 

Vase Gonzalo muy poco a poco, mirando a don Juan, y don Juan a él, hasta que desaparece, y queda don Juan con pavor

Juan
 
¡Válgame Dios! Todo el cuerpo
se ha bañado de un sudor
helado, y en las entrañas
se me ha helado el corazón.
Un aliento respiraba,
organizando la voz
tan frío, que parecía
infernal respiración.
Cuando me tomó la mano
de suerte me la abrasó,
que un infierno parecía
más que no vital calor.
Pero todas son ideas
que da a la imaginación
el temor; y temer muertos
es más villano temor.
Si un cuerpo con alma noble,
con potencias y razón,
y con ira, no se teme,
¿quién cuerpos muertos temió?
Iré mañana a la iglesia,
donde convidado estoy,
porque se admire y espante
Sevilla de mi valor.
 

Vase don Juan


[Sevilla, el palacio real]


Sale el Rey, don Diego Tenorio, y acompañamiento

Rey
 
¿Llegó al fin Isabela?
 
Diego
 
Y disgustada.
 

Edouard Manet

Rey
 
Pues ¿no ha tomado bien el casamiento?
 
Diego
 
Siente, señor, el nombre de infamada.
 
Rey
 
De otra causa precede su tormento,
¿dónde está?
 
Diego
 
En el convento está alojada
de las Descalzas.
 
Rey
 
Salga del convento
luego al punto, que quiero que en palacio
asista con la reina, más de espacio.
 
Diego
 
Si ha de ser con don Juan el desposorio,
manda, señor, que tu presencia vea.
 
Rey
 
Véame, y galán salga, que notorio
quiero que este placer al mundo sea.
Conde será desde hoy, don Juan Tenorio,
de Lebrija, él la mande y la posea;
que si Isabela a un duque corresponde,
ya que ha perdido un duque, gane un conde.
 
Diego
 
Todos por la merced, tus pies besamos.
 
Rey
 
Merecéis mi favor tan dignamente,
que si aquí los servicios ponderamos,
me quedo atrás con el favor presente.
Paréceme, don Diego, que hoy hagamos
las bodas de doña Ana juntamente.
 
Diego
 
¿Con Octavio?
 
Rey
 
No es bien que el duque Octavio
sea el restaurador de aqueste agravio.
Doña Ana, con la reina, me ha pedido
que perdone al marqués, porque doña Ana,
ya que el padre murió, quiere marido,
porque si le perdió, con él le gana.
Iréis con poca gente, y sin ruido
luego a hablalle, a la fuerza de Triana,
por su satisfacción, y por su abono,
de su agraviada prima, le perdono.
 
Diego
 
Ya he visto lo que tanto deseaba.
 
Rey
 
Que esta noche han de ser, podéis decille,
los desposorios.
 
Diego
 
Todo en bien se acaba;
fácil será el marqués el persuadille,
que de su prima amartelado estaba.
 
Rey
 
También podéis a Octavio prevenille.
Desdichado es el duque con mujeres,
son todas opinión, y pareceres.
Hanme dicho que está muy enojado
con don Juan.
 
Diego
 
No me espanto, si ha sabido
de don Juan el delito averiguado
que la causa de tanto daño ha sido.
El duque viene.
 
Rey
 
No dejéis mi lado,
que en el delito sois comprehendido.
 

Sale el duque Octavio

Octavio
 
Los pies, invicto rey, me dé tu alteza.
 
Rey
 
Alzad, duque, y cubrid vuestra cabeza.
¿Qué pedís?
 
Octavio
 
Vengo a pediros,
postrado ante vuestras plantas,
una merced, cosa justa,
digan de serme otorgada.
 
Rey
 
Duque, como justa sea,
digo que os doy mi palabra
de otorgárosla. Pedid.
 
Octavio
 
Ya sabes, señor, por cartas
de tu embajador, y el mundo
por la lengua de la fama
sabe, que don Juan Tenorio,
con española arrogancia,
en Nápoles, una noche,
para mí noche tan mala,
con mi nombre profanó
el sagrado de una dama.
 
Rey
 
No pases más adelante,
ya supe vuestra desgracia,
en efecto. ¿Qué pedís?
 
Octavio
 
Licencia que en la campaña
defienda cómo es traidor.
 
Diego
 
Eso no, su sangre clara
es tan honrada.
 
Rey
 
Don Diego…
 
Diego
 
¿Señor?..
 
Octavio
 
¿Quién eres, que hablas
en la presencia del rey
de esta suerte?
 
Diego
 
Soy quien calla
porque me lo manda el rey,
que si no, con esta espada
te respondiera.
 
Octavio
 
Eres viejo.
 
Diego
 
Yo he sido mozo en Italia,
a vuestro pesar un tiempo.
Ya conocieron mi espada
en Nápoles y en Milán.
 
Octavio
 
Tienes ya la sangre helada,
no vale fui, sino soy.
 
 
Empuña don Diego
 
Diego
 
Pues fui, y soy.
 
Rey
 
Tened, basta,
bueno está. Callad don Diego,
que a mi persona se guarda
poco respeto, y vos, duque,
después que las bodas se hagan,
más de espacio me hablaréis.
Gentilhombre de mi cámara
es don Juan, y hechura mía,
y de aqueste tronco rama.
Mirad por él.
 
Octavio
 
Yo lo haré,
gran señor, como lo mandas.
 
Rey
 
Venid conmigo, don Diego.
 
Diego
 
¡Ay hijo, qué mal me pagas
el amor que te he tenido!
Duque…
 
Octavio
 
Gran señor…
 
Rey
 
Mañana
vuestras bodas han de hacer.
 
Octavio
 
Háganse, pues tú lo mandas.
 

Vase le Rey y don Diego, y salen Gaseno y Aminta

Gaseno
 
Este señor nos dirá
dónde está don Juan Tenorio.
Señor,)Si está por acá
un don Juan, a quien notorio
ya su apellido será?
 
Octavio
 
Don Juan Tenorio diréis.
 
Aminta
 
Sí, señor, ese don Juan.
 
Octavio
 
Aquí está. ¿Qué le queréis?
 
Aminta
 
Es mi esposo ese galán.
 
Octavio
 
¿Cómo?
 
Aminta
 
Pues, ¿no lo sabéis
siendo del Alcázar vos?
 
Octavio
 
No me ha dicho don Juan nada.
 
Gaseno
 
¿Es posible?
 
Octavio
 
Sí, por Dios.
 
Gaseno
 
Doña Aminta es muy honrada
cuando se casen los dos,
que cristiana vieja es
hasta lo huesos, y tiene
de la hacienda el interés
y a su virtud aun le aviene
más bien que un conde, un marqués.
Casóse don Juan con ella,
y quitósela a Batricio.
 
Aminta
 
Decid cómo fui doncella
a su poder.
 
Gaseno
 
No es juicio
esto, ni aquesta querella.
 
Octavio
 
(Ésta es burla de don Juan,
 

Aparte

 
y para venganza mía
éstos diciéndola están.)
¿Qué pedís al fin?
 
Gaseno
 
Querría,
porque los días se van,
que se hiciese el casamiento,
o querellarme ante el rey.
 
Octavio
 
Digo que es justo ese intento.
 
Gaseno
 
Y razón, y justa ley.
 
Octavio
 
Medida y mi pensamiento
ha venido la ocasión;
en el Alcázar tenemos
bodas.
 
Aminta
 
¿Si las mías son?
 
Octavio
 
Quiero, para que acertemos
valerme de una invención.
Venid donde os vestiréis,
señora, a lo cortesano,
y a un cuarto del rey saldréis
conmigo.
 
Aminta
 
Vos de la mano
a don Juan me llevaréis.
 
Octavio
 
(Que de esta suerte es cautela).
 

Aparte

Gaseno
 
El arbitrio me consuela.
 
Octavio
 
Éstos venganza me dan
 

Aparte

 
de aqueste traidor don Juan
y el agravio de Isabela.
 

Vanse todos


[En la catedral de Sevilla]


Salen don Juan y Catalinon

Catalinon
 
¿Cómo el rey te recibió?
 
Juan
 
Con más amor que mi padre.
 
Catalinon
 
¿Viste a Isabela?
 
Juan
 
También.
 
Catalinon
 
¿Cómo viene?
 
Juan
 
Como un ángel.
 
Catalinon
 
¿Recibióte bien?
 
Juan
 
El rostro
bañado de leche, y sangre,
como la rosa que al alba
revienta la verde cárcel.
 
Catalinon
 
¿Al fin esta noche son
las bodas?
 
Juan
 
Sin falta.
 
Catalinon
 
Si antes
hubieran sido, no hubieras
engañado a tantas antes.
Pero tú tomas esposa,
señor, con cargas muy grandes.
 
Juan
 
Di, ¿comienzas a ser necio?
 
Catalinon
 
Y podrás muy bien casarte
mañana, que hoy es mal día.
 
Juan
 
Pues ¿qué día es hoy?
 
Catalinon
 
Es martes.
 
Juan
 
Mil embusteros y locos
dan en esos disparates.
Sólo aquél llamo mal día,
aciago y detestable,
en que no tengo dineros,
que los demás es donaire.
 
Catalinon
 
Vamos, si te has de vestir,
que te aguardarán y es tarde.
 
Juan
 
Otro negocio tenemos
que hacer, aunque nos aguarden.
 
Catalinon
 
¿Cuál es?
 
Juan
 
Cenar con el muerto.
 
Catalinon
 
Necedad de necedades.
 
Juan
 
¿No ves que di mi palabra?
 
Catalinon
 
¿Y cuando se la quebrantes,
qué importa? ¿Habrá de pedirte
una figura de jaspe
la palabra?
 
Juan
 
Podrá el muerto
llamarme a voces infame.
 
Catalinon
 
Ya está cerrada la iglesia.
 
Juan
 
Llama.
 
Catalinon
 
¿Qué importa que llame?
¿Quién tiene de abrir, que están
durmiendo los sacristanes?
 

Manuel Garcia y Rodriguez

Juan
 
Llama a ese postigo.
 
Catalinon
 
Abierto
está.
 
Juan
 
Pues entra.
 
Catalinon
 
¡Entre un fraile
con hisopo y con estola!
 
Juan
 
Sígueme y calla.
 
Catalinon
 
¿Que calle?
 
Juan
 
Sí.
 
Catalinon
 
Ya callo. Dios en paz
de estos convites me saque.
Entran por una puerta y salen por otra
¡Qué oscura que está la iglesia,
señor, para ser tan grande!
¡Ay de mí! ¡Tenme, señor,
porque de la capa me asen!
 

Sale don Gonzalo como de antes y encuéntrase con ellos

Juan
 
¿Quién es?
 
Gonzalo
 
Yo soy.
 
Catalinon
 
Muerto estoy.
 
Gonzalo
 
El muerto soy, no te espantes,
no entendí que me cumplieras
la palabra, según haces
de todos burla.
 
Juan
 
¿Me tienes
en opinión de cobarde?
 
Gonzalo
 
Sí, que aquella noche huíste
de mí, cuando me mataste.
 
Juan
 
Huí de ser conocido,
mas ya me tienes delante,
di presto lo que me quieres.
 
Gonzalo
 
Quiero a cenar convidarte.
 
Catalinon
 
Aquí excusamos la cena,
que toda ha de ser fiambre
pues no parece cocina
[si al convidado le mate].
 
Juan
 
Cenemos.
 
Gonzalo
 
Para cenar
es menester que levantes
esa tumba.
 
Juan
 
Y si te importa,
levantaré esos pilares.
 
Gonzalo
 
Valiente estás.
 
Juan
 
Tengo brío
y corazón en las carnes.
 
Catalinon
 
Mesa de Guinea es ésta.
Pues, ¿no hay por allá quien lave?
 
Gonzalo
 
Siéntate.
 
Juan
 
¿Adónde?
 
Catalinon
 
Con sillas
vienen ya dos negros pajes.
 

(Entran dos enlutados con dos sillas.)

 
¿También acá se usan lutos
y bayeticas de Flandes?
 
Juan
 
Siéntate tú.
 
Catalinon
 
Yo, señor,
he merendado esta tarde.
 
Gonzalo
 
No repliques.
 
Catalinon
 
No replico.
 
 
(¡Dios en paz desto me saque!)
 
 
¿Qué plato es éste, señor?
 
Gonzalo
 
Este plato es de alacranes
y víboras.
 
Catalinon
 
¡Gentil plato!
 
Gonzalo
 
Estos son nuestros manjares.
¿No comes tú?
 
Juan
 
Comeré,
si me dieses áspid y áspides
cuantos el infierno tiene.
 
Gonzalo
 
También quiero que te canten.
 
Catalinon
 
¿Qué vino beben acá?
 
Gonzalo
 
Pruébalo.
 
Catalinon
 
Hiel y vinagre
es este vino.
 
Gonzalo
 
Este vino
exprimen nuestros lagares.
 

(Cantan:)

 
Adviertan los que de Dios
juzgan los castigos grandes,
que no hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague.
 
Catalinon
 
¡Malo es esto, vive Cristo!
que he entendido este romance,
y que con nosotros habla.
 
Juan
 
Un yelo el pecho me parte.
 
Musicos
 
«Mientras en el mundo viva,
no es justo que diga nadie
qué largo me lo fiáis
siendo tan breve el cobrarse.»
 
Catalinon
 
¿De qué es este guisadillo?
 
Gonzalo
 
De uñas.
 
Catalinon
 
De uñas de sastre
será, si es guisado de uñas.
 
Juan
 
Ya he cenado, haz que levanten
la mesa.
 
Gonzalo
 
Dame esa mano.
No temas, la mano dame.
 
Juan
 
¿Eso dices? ¿Yo temor?
¡Que me abraso! No me abrases
con tu fuego.
 
Gonzalo
 
Aquéste es poco
para el fuego que buscaste.
Las maravillas de Dios
son, don Juan, investigables,
y así quiere que tus culpas
a manos de un muerto pagues,
y así pagas de esta suerte
las doncellas que burlaste.
Ésta es justicia de Dios,
quien tal hace, que tal pague.
 
Juan
 
Que me abraso, no me aprietes,
con la daga he de matarte,
mas, (ay, que me canso en vano
de tirar golpes al aire!
A tu hija no ofendí,
que vio mis engaños antes.
 
Gonzalo
 
No importa, que ya pusiste
tu intento.
 
Juan
 
Deja que llame
quien me confiese y absuelva.
 
Gonzalo
 
No hay lugar, ya acuerdas tarde.
 
Juan
 
¡Que me quemo! ¡Que me abraso!
Muerto soy.
 

Cae muerto don Juan


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