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Doña Inés
 
(Aparte a Doña Juana.)
 
 
Don Gil de dos mil donaires,
a cada vuelta y mudanza
que habéis dado, dio mil vueltas
en vuestro favor el alma.
Ya sé que a ser dueño mío
venís. Perdonad si, ingrata,
antes de veros rehusé
el bien que mi amor aguarda.
¡Muy enamorada estoy!
 
Doña Clara [Aparte.]
 
¡Perdida de enamorada
me tiene el don Gil de perlas!
 
Doña Juana

[Habla aparte con Doña Inés.]

 
No quiero sólo en palabras
pagar lo mucho que os debo.
Aquel caballero os guarda,
y me mira receloso.
Voyme.
 
Doña Inés
 
¿Son celos?
 
Doña Juana
 
No es nada.
 
Doña Inés
 
¿Sabéis mi casa?
 
Doña Juana
 
Y muy bien.
 
Doña Inés
 
¿Y no iréis a honrar mi casa,
pues por dueño os obedece?
 
Doña Juana
 
A lo menos a rondarla
esta noche.
 
Doña Inés
 
Velaréla,
Argos toda a sus ventanas.
 
Doña Juana
 
Adiós.
 
Doña Clara [Aparte.]
 
¡Que se va! ¡ay de mí!
 
Doña Inés
 
No haya falta.
 
Doña Juana
 
No habrá falta.
 

(Vanse Doña Juana y Caramanchel.)


[Doña Inés, Doña Clara, Don Juan, músicos.]

Doña Inés
 
Don Juan, ¿qué melancolía
es ésa?
 
Don Juan
 
Esto es dar al alma
desengaños que la curen,
y aborrezcan tus mudanzas.
¡Ah, Inés! en fin, salí cierto.
 
Doña Inés
 
Mi padre viene; remata,
o para después olvida
pesares.
 
Don Juan
 
Voyme, tirana;
mas tú me lo pagarás.
 

(Vase.)

Doña Inés
 
¡Ay, que me las jura, Clara!
Más quiero el pie de don Gil,
que la mano de un monarca.
Salen Don Martín y Don Pedro.
 

[Doña Clara. Músicos]

Don Pedro
 
¡Inés!
 
Doña Inés
 
Padre de mis ojos,
don Gil no es hombre, es la gracia,
la sal, el donaire, el gusto
que amor en sus cielos guarda.
Ya le he visto, ya le quiero,
ya le adoro, ya se agravia
el alma con dilaciones
que martirizan mis ansias.
 

Raimundo Madrazo

Don Pedro

[Habla aparte con Don Martín.]

 
Don Gil, ¿cuándo os vio mi Inés?
 
Don Martín
 
Si no es al salir de casa,
para venir a esta huerta,
no sé yo cuándo.
 
Don Pedro
 
Esto basta.
Milagros, don Gil, han sido
desa presencia bizarra.
Negociado habéis por vos;
llegad y dalda las gracias.
 
Don Martín
 
Señora, no sé a quién pida
méritos, obras, palabras
con que encarecer la suerte
que a tanto bien me levanta.
¿Posible es que sólo el verme
en la calle os diese causa
a tanto bien? ¿Es posible
que me admitís, prenda cara?
Dadme…
 
Doña Inés
 
¿Qué es esto? ¿Estáis loco?
¡Yo por vos enamorada!
Yo a vos, ¿cuándo os vi en mi vida?
¿Hay más donosa maraña?
 

Francisco Javier Parcerisa

Don Pedro
 
Hija, Inés, ¿perdiste el seso?
 
Don Martín [Aparte.]
 
¿Qué es esto, cielos?
 
Don Pedro
 
¿No acabas
de decir que a don Gil viste?
 
Doña Inés
 
¿Pues bien…?
 
Don Pedro
 
¿Su talle no ensalzas?
 
Doña Inés
 
Digo que es un ángel, pues.
 
Don Pedro
 
¿No le ofreces sí y palabra
de esposa?
 
Doña Inés
 
¿Qué sacas deso?
Que de mis quicios me sacas.
 
Don Pedro
 
Que a don Gil tienes presente.
 
Doña Inés
 
¿A quién?
 
Don Pedro
 
Al mismo que alabas.
 
Don Martín
 
Yo soy don Gil, Inés mía.
 
Doña Inés
 
¿Vos don Gil?
 
Don Martín
 
Yo.
 
Doña Inés
 
¡La bobada!
 
Don Pedro
 
Por mi vida, que es el mismo.
 
Doña Inés
 
¿Don Gil tan lleno de barbas?
Es el don Gil que yo adoro
un Gilito de esmeraldas.
 
Don Pedro
 
Ella está loca, sin duda.
 
Don Martín
 
Valladolid es mi patria.
 
Dona Inés
 
De allá es mi don Gil también.
 
Don Pedro
 
Hija, mira que te engañas.
 
Don Martín
 
En toda Valladolid
no hay, doña Inés de mi alma,
otro don Gil, sino es yo.
 
Don Pedro
 
¿Qué señas tiene ése? ¡Aguarda!
 
Doña Inés
 
Una cara como un oro,
de almíbar unas palabras,
y unas calzas todas verdes,
que cielos son, y no calzas.
Agora se va de aquí.
 
Don Pedro
 
¿Don Gil de cómo se llama?
 
Doña Inés
 
Don Gil de las calzas verdes
le llamo yo, y esto basta.
 
Don Pedro
 
Ella ha perdido el jüicio.
¿Qué será esto, doña Clara?
 
Doña Clara
 
Que a don Gil tengo por dueño.
 
Doña Inés
 
¿Tú?
 
Doña Clara
 
Yo, pues; y, en yendo a casa,
procuraré que mi padre
me case con él.
 
Doña Inés
 
El alma
te haré yo sacar primero.
 
Don Martín
 
¡Hay tal don Gil!
 
Don Pedro
 
Tus mudanzas
han de obligarme…
 
Doña Inés
 
Don Gil
es mi esposo. ¿Qué te cansas?
 
Don Martín
 
Yo soy don Gil, Inés mía,
cumpla yo tus esperanzas.
 
Doña Inés
 
Don Gil de las calzas verdes
he dicho yo.
 
Don Pedro
 
Amor de calzas…
¿Quién le ha visto?
 
Don Martín
 
Calzas verdes
me pongo desde mañana,
si esta color apetece.
 
Don Pedro
 
¡Ven, loca…!
 
Doña Inés
 
¡Ay, don Gil del alma!
 

Edouard Manet

Acto II

[Sala en casa de Doña Juana.]


(Salen Quintana y Doña Juana, de mujer.)

Quintana
 
No sé a quién te comparar:
Pedro de Urdemalas eres.
Pero, ¿cuándo las mujeres
no supistes enredar?
 
Doña Juana
 
Esto, Quintana, hasta aquí
es lo que me ha sucedido.
Doña Inés pierde el sentido
con la libertad por mí;
don Martín anda buscando
este don Gil que en su amor
y nombre es competidor;
mas con tal recato ando
huyéndole la presencia,
que, desatinado, entiende
que soy hechicero o duende.
Pierde el viejo la paciencia,
porque la tal doña Inés
ni sus ruegos obedece,
ni a don Martín apetece;
y de tal manera es
el amor que me ha cobrado,
que, como no vuelvo a vella,
desde entonces atropella
con pundonores de estado;
y como de mí no sabe,
no hay paje o criado en casa,
ni gente por ella pasa,
con quien llorando no acabe
que me busque.
 

Manuel Garcia y Rodriguez

Quintana
 
Si te pierdes,
quizás te pregonará.
 
Doña Juana
 
A los que me buscan da
por señas mis calzas verdes.
Un don Juan que la servía,
loco de ver su desdén,
para matarme también
me busca.
 
Quintana
 
Señora mía,
¡ojo a la vida, que anda
en terrible tentación!
Procede con discreción,
o perderás la demanda.
 
Doña Juana
 
Yo me libraré de todo.
Una doña Clara, que es
prima de mi doña Inés,
también me quiere de modo,
que a su madre ha persuadido,
si viva la quiere ver,
que me la dé por mujer.
 
Quintana
 
Harás notable marido.
 
Doña Juana
 
A este fin me hace buscar
casi, Quintana, a pregones,
por posadas y mesones,
sin cansarse en preguntar
por un don Gil de unas calzas
verdes, en Valladolid.
 
Quintana
 
¡Señas son para Madrid
buenas! Bien tu ingenio ensalzas.
 
Doña Juana
 
El criado que te dije
que, en partiéndote de mí,
en la Puente recibí,
también confuso se aflige;
porque desde ayer acá
no ha podido descubrirme;
ni yo ceso de reírme
de ver cuál viene y cuál va,
buscándome como aguja
por esta calle, después
de saber de doña Inés
si me esconde alguna bruja,
y como no halla noticia
de mí, afirmará por cierto
que el dicho don Juan me ha muerto.
 
Quintana
 
Pondrále ante la justicia.
 
Doña Juana
 
Bien puede ser, porque es fiel,
gran servicial, lindo humor,
y me tiene extraño amor.
 
Quintana
 
¿Llámase?
 
Doña Juana
 
Caramanchel.
 
Quintana
 
Pues bien, agora ¿a qué fin
te has vuelto mujer?
 
Doña Juana
 
Engaños
son todos nuevos y extraños
en daño de don Martín.
Esta casa alquilé ayer
con su servicio y ornato.
 
Quintana
 
Aunque no saldrá barato,
no es nuevo agora el haber
en Madrid quien una casa
dé, con todo su apatusco.
El por qué la alquilas busco.
 
Doña Juana
 
Oye, y sabrás lo que pasa.
Pared enmedio de aquí
vive doña Inés, la dama
de don Martín, que me ama.
Esta mañana la vi,
y dándome el parabién
de la nueva vecindad,
tenemos brava amistad;
porque afirma quiere bien
a un galán de quien retrato
soy vivo, y que en mi presencia
la aflige menos la ausencia
de su proceder ingrato.
Si yo su vecina soy,
podré saber lo que pasa
con don Martín en su casa;
y como tan cerca estoy,
fácilmente desharé
cuanto trazare en mi daño.
 
Quintana
 
Retrato eres del engaño.
 
Doña Juana
 
Y mi remedio seré.
 
Quintana
 
En fin, vienes a tener
dos casas.
 
Doña Juana
 
Con mi escudero
y lacayo.
 
Quintana
 
¿Y el dinero?
 
Doña Juana
 
Joyas tengo que vender
o empeñar.
 
Quintana
 
¿Y si se acaban?
 
Doña Juana
 
Doña Inés contribuirá;
que no ama quien no da.
 
Quintana
 
En otros tiempos no daban.
Vuélvome pues a Vallecas,
hasta ver destas marañas
el fin.
 
Doña Juana
 
Di de mis hazañas.
 
Quintana
 
Yo apostaré que te truecas
hoy en hombre y en mujer
veinte veces.
 
Doña Juana
 
Las que viere
que mi remedio requiere,
porque todo es menester;
mas, ¿sabes lo que he pensado
primero que allá te partas?
Que con un pliego de cartas
finjas que agora has llegado
de Valladolid en busca
de mi amante.
 
Quintana
 
¿Y a qué fin?
 
Doña Juana
 
Trae sospechas don Martín
de que quien su amor ofusca
soy yo, que en su seguimiento
desde mi patria he venido,
y soy el don Gil fingido.
Para que este pensamiento
no le asegure, será
bien fingir que yo le escribo
desde allá, y que por él vivo
como quien sin alma está.
Dirásle tú que me dejas
en un convento encerrada,
con sospechas de preñada,
y darásle muchas quejas
de mi parte; y que si sabe
mi padre de mi preñez,
malograré su vejez,
o me ha de dar muerte grave.
Con esto le desatino,
y creyendo que allá estoy,
no dirá que don Gil soy.
 
Quintana
 
Voyme a poner de camino.
 
Doña Juana
 
Y yo a escribir.
 
Quintana
 
Vamos, pues:
darásme la carta escrita.
 
Doña Juana
 
Ven, que espero una visita.
 
Quintana
 
¿Visita?
 
Doña Juana
 
De doña Inés.
 

(Vanse.)


Salen Doña Inés, con manto, y Don Juan.

Doña Inés
 
Don Juan, donde no hay amor,
pedir celos es locura.
 
Don Juan
 
¿Que no hay amor?
 
Doña Inés
 
La hermosura
del mundo tanto es mayor,
cuanto es la naturaleza
más varia en él; y así quiero
ser mudable, porque espero
tener ansí más belleza.
 
Don Juan
 
Si la que es más varïable,
ésa es más bella, en ti fundo
la hermosura deste mundo,
porque eres la más mudable.
¿Por un rapaz me desprecias,
antes de saber quién es?
¡Por un niño, Doña Inés!
 
Doña Inés
 
Excusa palabras necias,
y mira, don Juan, que estoy
en casa ajena.
 
Don Juan
 
¡Inconstante…!
No lograrás a tu amante.
A matar tu don Gil voy.
 
Doña Inés
 
¿A qué don Gil?
 
Don Juan
 
Al rapaz,
ingrata, por quien te pierdes.
 
Doña Inés
 
Don Gil de las calzas verdes
no es quien perturba tu paz.
Así nos dé vida Dios,
que no le he visto después
de aquella tarde. Otro es
el don Gil que priva.
 
Don Juan
 
¿Hay dos?
 
Doña Inés
 
Sí, don Juan, que el don Gilico,
o fingió llamarse así,
o si a vivir vino aquí
de asiento, te certifico
que de todos se burló.
El que de casa te ha echado
es un don Gil muy barbado
a quien aborrezco yo;
pero quiéreme casar
con él mi padre, y es fuerza
que por darle gusto tuerza
mi inclinación. Si a matar
estotro don Gil te atreves,
de Albornoz tiene el renombre;
y aunque dicen que es muy hombre,
como amor y ánimo lleves,
el premio a mi cuenta escribe.
 
Don Juan
 
¿Don Gil de Albornoz se llama?
 
Dona Inés
 
Ansí lo dice la fama,
y en casa del Conde vive,
nuestro vecino.
 
Don Juan
 
¿Tan cerca?
 
Doña Inés
 
Por tenerme cerca a mí.
 
Don Juan
 
¡Y qué! ¿Le aborreces?
 
Doña Inés
 
Sí.
 
Don Juan
 
Pues si con su muerte merca
mi fe tu amor, el laurel
ya mi cabeza previene;
que te hago voto solene
que pueden doblar por él.
 

(Vase.)


[Doña Inés.]

 
¡Ojalá! Que desta suerte
aseguraré la vida
del don Gil por quien perdida
estoy, pues dándole muerte,
quedaré libre, y mi padre
no aumentará mi tormento
con su odioso casamiento,
por más que su hacienda cuadre
a su avaricia maldita.
 

Doña Juana, de mujer, sin manto;Valdivieso, escudero viejo. [Doña Inés.]

Doña Juana
 
¡Oh, señora doña Inés!
¿En mi casa? El interés
estimo desta visita.
En verdad que iba yo a hacer
en este punto otro tanto.
¡Hola! ¿No hay quien quite el manto
a doña Inés?
 
Valdivieso

(A ella, al oído.)

 
¿Qué ha de haber?
¿Qué dueñas has recibido,
o doncellas de labor?
¿Hay otra vieja de honor
más que yo?
 
Doña Juana
 
No habrá venido
Esperancilla ni Vega.
¡Jesús, y qué de ello pasa
la que mudando de casa,
hacienda y trastos trasiega!
Quitalde vos ese manto,
Valdivieso.
 

(Quítale y vase.)


[Doña Juana, Doña Inés.]

Doña Inés
 
Doña Elvira,
tu cara y talle me admira,
de tu donaire me espanto.
 
Doña Juana
 
Favorécesme, aunque sea
en nombre ajeno; ya sé
que bien te parezco, en fe
del que tu gusto desea.
Seré como la ley vieja,
que tendré gracia en virtud
de la nueva.
 
Doña Inés
 
Juventud
tienes harta: extremos deja;
que aunque no puedo negar
que te amo, porque pareces
a quien adoro, mereces
por ti sola enamorar
a un Adonis, a un Narciso,
y al sol que tus ojos viere.
 
Doña Juana
 
Pues yo sé quien no me quiere,
aunque otros tiempos me quiso.
 
Doña Inés
 
¡Maldígale Dios! ¿Quién es
quien se atreve a darte enojos?
 
Doña Juana
 
Las lágrimas a los ojos
me sacaste, doña Inés.
Mudemos conversación,
que refrescas la memoria
de mi lamentable historia.
 
Doña Inés
 
Si la comunicación
quita la melancolía
y en nuestra amistad consientes,
tu desgracia es bien me cuentes,
pues ya te dije la mía.
 
Doña Juana
 
No, por tus ojos; que amores
ajenos cansan.
 
Doña Inés
 
Ea, amiga…
 
Doña Juana
 
En fin, ¿quieres te la diga?
Pues escúchame y no llores.
En Burgos, noble cabeza
de Castilla, me dio el ser
don Rodrigo de Cisneros,
y sus desgracias con él.
Nací amante (¡qué desdicha!),
pues desde la cuna amé
a un don Miguel de Ribera,
tan gentil como cruel.
Correspondió a los principios,
porque la voluntad es
cambio, que entra caudaloso,
pero no tarda en romper.
Llegó nuestro amor al punto
acostumbrado, que fue
a pagar yo de contado,
fiada en su prometer.
Dióme palabra de esposo…
¡Mal haya la simple, amén,
que no escarmienta en palabras,
cuando tantas rotas ve!
Partióse a Valladolid:
cansado debió de ser.
Estaba sin padres yo,
súpelo, fuíme tras él,
engañóme con achaques,
y ya sabes, doña Inés,
que el amor que anda achacoso,
de achaques muere también.
Dábale su casa y mesa
un primo que don Miguel
tenía, mozo y gallardo,
rico, discreto y cortés.
Llamábase éste don Gil
de Albornoz y Coronel,
de un don Martín de Guzmán
amigo, pero no fiel.
Sucedió que al don Martín
y a su padre don Andrés,
les escribió desta corte,
(tu padre pienso que fué),
pidiéndole para esposo
de una hermosa doña Inés,
que, si mal no conjeturo,
tú sin duda debes ser.
Había dado don Martín
a una doña Juana fe
y palabra de marido;
mas no osándola romper,
ofreció este casamiento
al don Gil; y el interés
de tu dote apetecible
alas le puso a los pies.
Dióle cartas de favor
el viejo, y quiso con él
partirse al punto a esta corte,
nueva imagen de Babel.
Comunicó intento y cartas
al amigo don Miguel,
mi ingrato dueño, ensalzando
la hacienda, belleza y ser
de su pretendida dama
hasta los cielos; que fue
echar fuego al apetito,
y su codicia encender.
Enamoróse de oídas
don Miguel de tí: al poder
de tu dote lo atribuye,
que ya amor es mercader;
y atropellando amistades,
obligación, deudo y fe
de don Gil, le hurtó las cartas
y el nombre, porque con él
disfrazándose, a esta corte
vino, pienso que no ha un mes.
Vendiéndose por don Gil,
te ha pedido por mujer.
Yo, que sigo como sombra
sus pasos, vine tras él,
sembrando por los caminos
quejas, que vendré a coger
colmadas de desengaños,
que es caudal del bien querer.
Sabiendo don Gil su agravio,
quiso seguirle también,
y encontrámonos los dos,
siendo fuerza que con él
caminase hasta esta corte,
habrá nueve días o diez,
donde aguardo la sentencia
de mi amor, siendo tú el Juez
Como vine con don Gil,
y la ocasión siempre fue
amiga de novedades,
(que basta, en fin, ser mujer),
la semejanza hechicera
de los dos pudo encender,
mirándose él siempre en mí,
y yo mirándome en él,
descuidos. Enamoróse
con tantas veras…
 
Doña Inés
 
¿De quién?
 
Doña Juana
 
De mí.
 
Doña Inés
 
¿Don Gil de Albornoz?
 
Doña Juana
 
Don Gil, a quien imité
en el talle y en la cara,
de suerte, que hizo un pincel
dos copias y originales
prodigiosos esta vez.
 
Doña Inés
 
¿Uno de unas calzas verdes?
 
Doña Juana
 
Y tan verdes como él,
que es abril de la hermosura,
y del donaire AranJuez
 
Doña Inés
 
Bien le quieres, pues le alabas.
 
Doña Juana
 
Quisiérale, amiga, bien,
si bien no hubiera querido
a quien mal supo querer.
Tengo esposo, aunque mudable;
soy constante, aunque mujer;
nobleza y valor me ilustran;
aliento y no celos, ten;
que despreciando a don Gil,
y viendo que don Miguel
tiene ya el sí de tu padre,
si sin ti le puede haber,
hice alquilar esta casa,
donde de cerca sabré
el fin de tantas desdichas
como en mis sucesos ves.
 
Doña Inés
 
¿Que don Miguel de Ribera
el don Gil fingido fue,
que dueño tuyo y tu esposo
quiere que yo el sí le dé?
 
Doña Juana
 
Esto es cierto.
 
Doña Inés
 
¿Que el don Gil
verdadero y cierto fue
aquel de las verdes calzas?
¡Triste de mí! ¿Qué he de hacer
si te sirve, cara Elvira?
Y aun por eso no me ve;
que no le bastan dos ojos
para llorar tu desdén.
 
Doña Juana
 
Como a don Miguel desprecies,
también yo desdeñaré
a don Gil.
 
Doña Inés
 
¿Pues deso dudas?
Hombre que tiene mujer,
¿cómo puede ser mi esposo?
No temas eso.
 
Doña Juana
 
Pues ven;
que a don Gil quiero escribir
en tu presencia un papel,
que llevará mi escudero,
y su muerte escrita en él.
 
Doña Inés
 
¡Ay, Elvira de mis ojos!
Tu esclava tengo de ser.
 
Doña Juana [Aparte.]
 
Ya esta boba está en la trampa.
Ya soy hombre, ya mujer,
ya don Gil, ya doña Elvira.
Mas si amo, ¿qué no seré?
 

(Vanse.)


[Calle.]


(Quintana y Don Martín.)

Don Martín
 
¿Y que tú mismo la dejas
en un convento, Quintana?
 
Quintana
 
Yo mismo, a tu doña Juana,
en San Quirce, dando quejas
y suspiros, porque está
con indicios de preñada.
 
Don Martín
 
¿Cómo?
 
Quintana
 
No la para nada
en el estómago, y da
unas arcadas terribles;
la basquiña se le aova;
pésale más que una arroba
el paso que da; imposibles
se le antojan… Vituperio
de su linaje serás,
si a consolarla no vas,
y pare en el monasterio.
 
Don Martín
 
Quintana, jurara yo
que desde Valladolid
había venido a Madrid
a perseguirme.
 
Quintana
 
Eso no.
Ni haces bien en no tenella
en opinión más honrada.
 
Don Martín
 
¿No pudiera disfrazada
seguirme?
 
Quintana
 
¡Bonita es ella!
Esta es la hora que está
rezando entre sus iguales
los salmos penitenciales
por ti. Esa carta, ¿no da
certidumbre que te digo
la verdad?
 
Don Martín
 
Quintana, sí.
Las quejas que escribe aquí
mucho han de poder conmigo.
Vine a cierta pretensión
a Madrid, que el Rey confirme,
y partí sin despedirme
della, por la dilación
forzosa que en mi partida
su amor había de poner;
pero, pues llego a saber
que corre riesgo su vida,
y que mi amor coge el fruto
que su hermosura me ofrece,
cualquier tardanza parece
pronóstico de mi luto.
Partiréme esta semana
sin falta, concluya o no
a lo que vine.
 
Quintana
 
Pues yo
tomo la posta mañana,
y a pedirla me adelanto
las albricias.
 
Don Martín
 
Bien harás.
Hoy esta corte verás,
y yo escribiré entretanto.
¿Dónde tienes la posada?
Que no te llevo a la mía,
porque malograr podría
una traza comenzada,
que después sabrás despacio.
 
Quintana
 
Junto al Mesón de Paredes
vivo.
 
Don Martín
 
Bien.
 
Quintana
 
Mañana puedes,
si tienes de ir a Palacio,
darme las cartas allá.
 
Don Martín
 
En buen hora.
 

[Aparte.]

 
No he querido
que vaya donde he fingido
ser don Gil, que deshará
la máquina que levanto.
 
Quintana [Aparte.]
 
Voyme, pues, a negociar.
 
Don Martín
 
Adiós.
 
Quintana [Aparte.]
 
¿En qué ha de parar,
cielos, embeleco tanto?
 

(Vase.)

Don Martín
 
Basta, que ya padre soy,
basta, que está doña Juana
preñada. Afición liviana,
villano pago le doy.
Con un hijo, es torpe modo
el que aquí pretender quiero,
indigno de un caballero.
Pongamos remedio en todo,
dando la vuelta a mi tierra.
 

Sale Don Juan. [Don Martín.]

Don Juan
 
Señor don Gil de Albornoz,
si, como corre la voz,
valor vuestro pecho encierra
para lucir el acero,
al paso que pretender
contra su gusto mujer,
pensamiento algo grosero,
yo, que soy interesado
en esta parte, quisiera
que saliésemos afuera
del lugar, y que en el Prado
o Puente, sin que delante
tuviésemos tanta gente,
mostrásedes ser valiente,
como mostráis ser amante.
 
Don Martín
 
La cólera requemada
cortad por lo que os importa;
que para quien no la corta,
corta cóleras mi espada,
que yo que más flema tengo,
no riño sin ocasión.
Si vos tenéis afición,
cuando yo a casarme vengo,
y me aborrece mi dama,
pues en su mano dejó
Naturaleza el sí y no,
y vos presumís que os ama,
pretendámosla los dos;
que cuando el no me dé a mí
y vos salgáis con el sí,
no reñiré yo con vos.
 
Don Juan
 
Ella me ha dicho que es fuerza
hacer de su padre el gusto,
y que, amándola, no es justo
la deje casar por fuerza;
y en fe desta sinrazón,
o nos hemos de matar,
o no os habéis de casar,
dejando su pretensión.
 
Don Martín
 
¿Doña Inés dice que quiere
a su padre obedecer,
y mi esposa admite ser?
 
Don Juan
 
A su inclinación prefiere
la caduca voluntad
de su padre.
 
Don Martín
 
Y por ventura,
perder esa coyuntura
¿no sería necedad?
Si con lo que yo procuro
salgo, ¿no es torpe imprudencia
el poner en contingencia
lo que ya tengo seguro?
¡Muy bueno fuera, por Dios,
que después de reducida,
si yo no os quito la vida,
me la quitásedes vos,
perdiendo mujer tan bella,
y que después de adquirido
el nombre de su marido,
os la dejase doncella!
No, señor: permitid vos
que logre de doña Inés
la belleza, y de allí a un mes
podremos reñir los dos.
 
Don Juan
 
O hacéis de mí poco caso,
o tenéis poco valor;
pero a vuestro necio amor
sabré yo atajar el paso
en parte donde no tema
el favor que aquí os provoca.
 

(Vase.)

Don Martín
 
Para su cólera loca,
no ha sido mala mi flema.
Si está doña Inés resuelta,
y a ser mi esposa se allana,
perdonará doña Juana,
y mi amor dará la vuelta,
si a Valladolid quería
llevarme; que el interés
y beldad de doña Inés
excusan la culpa mía.
 

Sale Osorio. [Don Martín.]

Osorio
 
Gracias a Dios que te veo.
 
Don Martín
 
Seas, Osorio, bien venido.
¿Hay cartas?
 
Osorio
 
Cartas ha habido.
 
Don Martín
 
¿De mi padre?
 
Osorio
 
En el correo,
a la mitad de su lista,
a ciento y doce leí
este pliego para ti,
 

(Dásele.)

Don Martín

(Ábrele.)

 
Libranza habrá a letra vista.
 
Osorio
 
¿Quién duda?
 
Don Martín
 
Este sobrescrito
dice: «A don Gil de Albornoz».
 
Osorio
 
Corre por ti la tal voz.
 
Don Martín
 
Estotra cubierta quito.
 

(Lee.)

 
A mi hijo don Martín
Y estotra…
 

[Lee.]

 
A Agustín Solier
de Camargo, mercader.
 
Osorio
 
Bien haya el tal Agustín,
si en él nos libran dinero.
 
Don Martín
 
Eso, Osorio, es cosa cierta.
 
Osorio
 
¿Adónde vive?
 
Don Martín
 
A la Puerta
de Guadalajara.
 
Osorio
 
Quiero.
besarla por lo que a mí
me toca; que ya no había
casi blanca.
 
Don Martín
 
Abro la mía
primero.
 
Osorio
 
Bien.
 
Don Martín
 
Dice ansí
 

(Lee.)


«Hijo: Cuidadoso estaré hasta saber el fin de nuestra pretensión, cuyos principios, según me avisáis, prometen buen suceso. Para que le consigáis, os remito esta libranza de mil escudos, y esa carta para Agustín Solier, mi corresponsal. Digo en ella que son para don Gil de Albornoz, un deudo mío: no vais vos a cobrarlos, porque os conoce, sino Osorio, diciendo que es mayordomo de dicho don Gil.

Doña Juana de Solís falta de su casa desde el día que os partístes; si en ella están confusos, no lo ando yo menos, temiendo no os haya seguido y impida lo que tan bien nos está. Abreviad lances, y en desposándoos, avisadme para que yo al punto me ponga en camino, y tengan fin estas marañas. – Dios os me guarde como deseo. Valladolid y agosto, etc. Vuestro padre.»

Osorio
 
¿No escuchas que doña Juana
falta de su casa?
 
Don Martín
 
Ya
yo sé dónde oculta está;
agora llegó Quintana
con carta suya, y por ella
he sabido que encerrada
está en San Quirce, y preñada.
 
Osorio [Aparte.]
 
Parirá en fe de doncella.
 
Don Martín
 
Huyóse sin avisar
a su padre; que, afligida
de celos de mi partida,
no la darían lugar
el sobresalto y la prisa;
y ésta será la ocasión
de la pena y confusión
que aquí mi padre me avisa.
Pero entretendréla agora
escribiéndola, y después
que posea a doña Inés,
puesto que mi ausencia llora,
la diré que tome estado
de religiosa.
 
Osorio
 
Si está
en San Quirce, ya tendrá
lo más del camino andado.
 

Sale Aguilar. [Don Martín, Osorio.]

Aguilar
 
¿Es el señor don Gil?
 
Don Martín
 
Soy
amigo vuestro, Aguilar.
 
Aguilar
 
Don Pedro os envía a llamar,
y por buena nueva os doy
que pretende hoy desposaros
con su sucesora bella.
aunque llantos atropella.
 
Don Martín
 
Quisiera en albricias daros
el Potosí; esta cadena,
aunque de poco valor,
en fe de vuestro deudor…
 

(las cartas en la faltriquera y mételas por entre la sotanilla, y cáensele en el suelo.)

Aguilar
 
Para mal de ojos es buena.
 
Don Martín
 
Vamos, y irás a cobrar
esos escudos, Osorio;
que si es hoy mi desposorio,
todos los he de emplear
en joyas para mi esposa.
 

Frank Buchser

Osorio
 
Para su belleza es poco.
 

(Los dos aparte.)

 
Bien se dispone.
 
Don Martín
 
Estoy loco.
¡Ay, mi doña Inés hermosa!
 

(Vanse.)


Salen Doña Juana, de hombre, y Caramanchel.

Caramanchel
 
No he de estar más de un instante,
señor don Gil invisible,
con vos; que es cosa terrible
despareceros delante
de los ojos.
 
Doña Juana
 
Si me pierdes…
 
Caramanchel
 
Un pregonero he cansado
diciendo: «El que hubiere hallado
a un don Gil con calzas verdes,
perdido de ayer acá,
dígalo y daránle luego
su hallazgo.» Ved, ¡qué sosiego
para quien sin blanca está!
Un real de misas he dado
a las ánimas por vos,
y a San Antonio otros dos,
de lo perdido abogado.
No quiero más tentación;
que me dais que sospechar
que sois duende o familiar,
y temo a la inquisición.
Pagadme, y adiós.
 
Doña Juana
 
Yo he estado
todo este tiempo escondido
en una casa, que ha sido
mi cielo, porque he alcanzado
la mejor mujer en ella
de Madrid.
 
Caramanchel
 
¿Chanzas hacéis?
¿Mujer vos?
 
Doña Juana
 
Yo.
 
Caramanchel
 
Pues ¿tenéis
dientes vos para comella?
¿Es acaso doña Inés,
la damaza de la huerta,
por las verdes calzas muerta?
Sí será.
 
Doña Juana
 
A lo menos es
otra más bella, que vive
pegada a la casa désa.
 
Caramanchel
 
¿Es juguetona?
 
Doña Juana
 
Es traviesa.
 
Caramanchel
 
¿Da?
 
Doña Juana
 
Lo que tiene.
 
Caramanchel
 
¿Y recibe?
 
Doña Juana
 
Lo que la dan.
 
Caramanchel
 
Pues retira.
la bolsa, imán de una dama
¿Llámase?
 
Doña Juana
 
Elvira se llama.
 
Caramanchel
 
Elvira, pero sin vira.
 
Doña Juana
 
Ven, llevarásme un papel.
 
Caramanchel

(Repara en las cartas que se le cayeron a Don Martín, y las alza.)

 
Dellos hay un pliego aquí.
Oye, que son para tí.
 
Doña Juana
 
¿Para mí, Caramanchel?
 
Caramanchel
 
El sobrescrito rasgado
dice «A don Gil de Albornoz».
 
Doña Juana
 
Muestra. ¡Ay, cielos!
 
Caramanchel
 
En la voz
y cara te has alterado.
 
Doña Juana
 
Dos cerradas y una abierta
vienen.
 
Caramanchel
 
Mira para quién.
 
Doña Juana
 
Pronósticos de mi bien
hacen mi ventura cierta.
 

(Lee.)

 
A don Pedro de Mendoza
y Velasteguí. Este es
el padre de doña Inés.
 
Caramanchel
 
Algún galán de la moza
te pone por medianero
con su padre, que querrá
que le cases.
 
Doña Juana
 
Y hallará
a propósito el tercero.
 
Caramanchel
 
Mira esotro sobrescrito.
 
Doña Juana
 
Dice aquí: A Agustín Solier
de Camargo, mercader.
 
Caramanchel
 
Ya le conozco, un corito
es, que tiene más caudal
de cuantos la Puerta ampara
aquí de Guadalajara.
 
Doña Juana
 
Pues tenlo a buena señal.
Esta abierta es para mí.
 
Caramanchel
 
Mírala.
 
Doña Juana

[Aparte.]

 
¿Quién duda que es
el pliego de don Andrés
para don Martín?
 

(Léela para sí.)

Caramanchel
 
¿Que ansí
haya quien hurte en la corte
las cartas? ¡Delito grave!
Pero si las nuevas sabe
a costa no más del porte,
¿quién las dejará de ver?
A alguno que las sacó
y el pliego por yerro abrió,
se le debió de caer.
 
Doña Juana

[Aparte.]

 
¡Dichosa soy en extremo!
A buen presagio he tenido
que a mi mano hayan venido
estas cartas. Ya no temo
mal suceso.
 
Caramanchel
 
¿Cúyas son?
 
Doña Juana
 
De un mi tío de Segovia.
 
Caramanchel
 
A Inés querrá para novia.
 
Doña Juana
 
Acertaste su intención.
Una libranza me envía
para que joyas la dé
de hasta mil escudos.
 
Caramanchel
 
Fue
mi sospecha profecía.
¿Vendrá en Agustín Solier
librada?
 
Doña Juana
 
En esta le escribe
que los dé luego.
 
Caramanchel
 
Recibe
el dinero en tu poder,
y no me despediré
de ti en mi vida.
 
Doña Juana [Aparte.]
 
A Quintana
voy a buscar. ¡Qué mañana
tan dichosa! ¡Con buen pie
me levanté hoy! Marañas
traza nuevas mi venganza.
Hoy cobrará la libranza
Quintana, y de mis hazañas
verá presto el fin sutil.
 
Caramanchel
 
Por si otra vez te me pierdes.
Me encajo tus calzas verdes.
 
Doña Juana
 
Hoy sabrán quién es don Gil.
 

(Vanse.)


[Sala en casa de Don Pedro.]


(Salen Doña Inés y Don Pedro, su padre.)

Doña Inés
 
Digo, señor, que vives engañado,
y que el don Gil fingido que me ofreces,
no es don Gil, ni jamás se lo han llamado.
 
Don Pedro
 
¿Por qué mintiendo, Inés, me desvaneces?
Don Andrés, ¿no me ha escrito por este hombre?
¿No dice que [es] don Gil el que aborreces?
 
Doña Inés
 
Don Miguel de Cisneros es su nombre,
con una doña Elvira desposado;
su patria es Burgos; por que más te asombre,
la misma doña Elvira me ha contado
todo el suceso, que en su busca viene,
y del mismo don Gil es un traslado.
Pared en medio desta casa tiene
la suya; hablarla puedes y informarte
de todo este embeleco, que es solene.
 
Don Pedro
 
Advierte, Inés, que debe de burlarte,
pues no puede ser falsa aquesta firma,
ni a la naturaleza engaña el arte.
 
Doña Inés
 
Pues si esa carta tu opinión confirma,
repara en que don Gil el verdadero,
en quien mi voluntad su amor confirma,
es un gallardo y joven caballero,
que por la gracia de un verde vestido
con que le vi en la huerta el día primero,
Calzas Verdes le dí por apellido.
Éste, pues, por la fama aficionado.
de mí o mi dote, y luego persuadido
de don Andrés a que tomase estado,
le hizo que viniese con el pliego
en su abono, que tanto te ha engañado.
Era su amigo don Miguel, y luego
que supo dél, estando de partida,
mi hacienda y calidad, encendió fuego
el interés que la amistad olvida;
y sin mirar que estaba desposado
con doña Elvira, un tiempo tan querida,
teniéndole en su casa aposentado,
le hurtó las cartas una noche, y vino
en la posta a esta corte disfrazado.
Ganóle por la mano en el camino;
fingió que era don Gil; dióte ese pliego,
y con él entabló su desatino,
El don Gil verdadero vino luego,
que fue el que vi en la huerta y al que mira
como a su objeto mi amoroso fuego.
No osó contradecir tan gran mentira
por ver tan apoyado su embeleco,
hasta que a verme vino doña Elvira.
Ésta me dijo el marañoso trueco,
y los engaños del don Gil postizo,
que funda su esperanza en mármol seco.
Doña Elvira, señor, me satisfizo.
Mira lo mucho que en casarme pierdes
con quien lo está con otra, y esto hizo.
 
Don Pedro
 
¿Hay semejante embuste?
 
Doña Inés
 
Que te acuerdes
deste suceso importa.
 
Don Pedro
 
¿No vería
yo al don Gil de las calzas, Inés, verdes?
 
Doña Inés
 
Doña Elvira me dijo le enviaría
a hablarte y verme aquesta misma tarde.
 
Don Pedro
 
Pues, ¿cómo tarda?
 
Doña Inés
 
Aún no es pasado el día.
Pero, ¿no es éste, cielos? Haga alarde
con su presencia la esperanza mía.
 

Sale Doña Juana, de hombre.


[Doña Inés, Don Pedro.]

Doña Juana
 
A daros satisfación,
señora, de mi tardanza
vengo, y a pedir perdón,
no de que en mí haya mudanza,
sino de mi dilación.
Hame tenido ocupado
estos días el cuidado
en que me puso un traidor,
que por lograr vuestro amor,
hasta el nombre me ha usurpado;
no falta de voluntad,
pues desde el punto que os vi,
os rendí la libertad.
 
Doña Inés
 
Yo sé que eso no es ansí;
pero sea o no verdad,
conoced, señor don Gil,
a mi padre que os desea,
y entre confusiones mil,
persuadilde a que no crea
enredos de un pecho vil.
 
Doña Juana
 
A mucha suerte he tenido,
señor, haberos hallado
aquí, y llegara corrido
a no haberme asegurado
cartas que hoy he recibido
de don Andrés de Guzmán,
que quimeras desharán
de quien, con firmas hurtadas,
pretendió ver malogradas
mis esperanzas. Si dan
fe y crédito estos renglones,
 

(Enséñale las cartas)


[y míralas Don Pedro.]

 
y me abona este papel,
no admitáis satisfaciones
fingidas de don Miguel,
o guardáos de sus traiciones.
 
Don Pedro
 
Yo estoy, señor, satisfecho
de lo que decís y afirma
vuestro generoso pecho.
Esta letra y esta firma,
del agravio que os he hecho
(si es que soy yo quien lo hice)
fue la causa, y agora es
favor con que os autorice.
Sí, letra es de don Andrés.
 

(Mira las [cartas] otra vez.)

 
Quiero mirar lo que dice.
 

(Lee para sí.)

Doña Inés

[Habla aparte con Doña Juana.]

 
¿Cómo va de voluntad?
 
Doña Juana
 
Vos, que sus llaves tenéis,
por mí la respuesta os dad.
 
Doña Inés
 
Desde ayer acá queréis
mucho nuestra vecindad.
 
Doña Juana
 
¿Desde ayer? Desde que os mira
el alma que en ella os ve,
y en vuestra ausencia suspira.
 
Doña Inés
 
¿En mi ausencia?
 
Doña Juana
 
¿Pues no?
 
Doña Inés
 
A fe?
¿Y no en la de doña Elvira?
 
Don Pedro
 
Aquí otra vez me encomienda
don Andrés la conclusión
de vuestra boda, y que entienda
la mucha satisfación
de vuestra sangre y hacienda.
¡El don Miguel de Cisneros
es gentil enredador!
Mucho gano en conoceros.
Hoy habéis de ser señor
desta casa.
 
Doña Juana
 
¡Que teneros
por dueño y padre merezco!
Mil veces me dad los pies.
 
Don Pedro (Abrázale.)
 
Los brazos sí que os ofrezco,
y en ellos a doña Inés.
 
Doña Inés
 
Mi dicha al cielo agradezco.
 
Doña Juana

(Abrázala [a Doña Inés.])


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